El aluminio es un material duradero, pero una limpieza correcta y una revisión periódica ayudan a conservar el acabado y el funcionamiento de los cerramientos durante más tiempo.
Limpieza sin productos agresivos
Una solución de agua y jabón neutro suele ser suficiente para retirar polvo y suciedad ambiental. Evita abrasivos, disolventes o estropajos que puedan marcar el lacado o el anodizado.
Revisar drenajes y juntas
Los canales de evacuación deben permanecer libres para que el agua siga su recorrido. También conviene observar el estado de juntas, cepillos y sellados, especialmente en instalaciones expuestas.
Herrajes: menos es más
Los puntos móviles requieren la revisión indicada por su fabricante. Una actuación puntual y adecuada evita holguras, ruidos o esfuerzos innecesarios al abrir y cerrar.